martes, 30 de agosto de 2016

Descartes de un anonimato inconcluso. Cuerpos y vestidos


No sabía cómo ponerle vendas 
no... 
vestidos
a sus heridas,

antes había visto

GENTES



pasando
en multitud
de rostros y recovecos anchos.


E imaginaba daño,


aunque
quedaba el poso 
por momentos
concentrado.





 Aquellas cuatro paredes eran el lienzo, 


más,
sin más, las gentes
que vienen y van


los motivos que sirven
y a la vez indican
quién es uno hoy y ahora


y quién fue ayer.

Sí, las gentes 



... nunca marchan



quedan como lapas en las cosas



son mundo
que rompe y se rompe


demasiado.




Al final solo hice dialogar 
instantes de su cuerpo, aunque


 eso sí, 
decidí entregarle un mensaje en mano:











"Nos vemos en otro lienzo JP"

miércoles, 20 de julio de 2016

Abbas Kiarostami. El viento nos llevará (1999)


Ya hace un par de semanas que el viento se llevó a Kiarostami, y no quiero desaprovechar el momento de rendirle un pequeño homenaje y recuperar una breve reseña inédita que le dediqué en su momento, un par de reflexiones a una de sus películas para mí más queridas e interesantes. Quede como recuerdo a este inteligente cineasta, y también como testimonio de mi sorpresa ante un texto que escribí antes del 11 de septiembre de 2001... y que hoy parece casi un vintage...


Con Kiarostami, el cine regresa a sus orígenes, o invierte la concepción contemporánea del guión. Parece como si hubiese estado estudiando el terreno palmo a palmo, sin preparativos ni texto, aprovechando el itinerario más perfecto de un paisaje, natural o humano, para moldear la estructura previa de una idea; una idea reescrita por el poder documental y poético de lo visible, por una ventana que no se deja reducir. 


Si no, ¿cómo explicar ese encaje de planos, esa armonía existente entre unos personajes que nunca han sido actores y una historia que parece haber estado siempre ahí para ser filmada? 

El tiempo pesado y sensorial, la casi ausencia de atajos en el relato y el impresionante trabajo de sonido y aprovechamiento de la luz, convierten el afán de contemplación de Kiarostami en un precioso fresco (de resonancias clásicas y de recuerdos occidentales antiguos) sobre un país, casi desconocido, que nuevamente consigue sorprendernos. 




Hay en esta película, además, algo del antiguo pudor a profanar secretos: los de la muerte, la intimidad o la infancia, por ejemplo. Todo transcurre mientras unas voces, siempre fuera de plano, se obstinan en no salir a escena, tal vez por su recelo al mundo de la capital, donde la huella de lo occidental ha dejado ya un poso que se deja notar en los países islámicos.



La mirada que se nos ofrece tiene como límite el momento en el que puede llegar a hacer daño, justo en esa frontera en la que puede llegar a perturbar o violar la tranquilidad de un mundo lento y con ecos oníricos muy suaves. Bucle que encaja igualmente con su narración, que se detiene en el preciso instante en el que las palabras podrían comenzar a recubrir, con su manto falsificador o simplista, la profunda interioridad de un rito, de una microsociedad o de unas vidas. 



El destino primario de descubrir y revelar misterios se entierra de nuevo en la fugacidad de un río: el personaje vuelve a su punto de partida habiendo recorrido un importante y placentero itinerario. El viento nos llevará, vivamos, a ser posible sin responder a las preguntas por los demás.





Hasta siempre, Abbas...


martes, 3 de noviembre de 2015

Devenir de la potencia. Deleuze (4-11-1995)


17.09.2012
«Gilles Deleuze se suicidó el sábado lanzándose desde la ventana de su apartamento parisino de la avenida Niel, en el Distrito XVII. Tenía 70 años. Estaba enfermo desde hacía tiempo. Sufría una grave insuficiencia respiratoria, había sufrido recientemente una traqueotomía. No había conseguido reponerse de la muerte, en 1992, de su amigo Félix Guattari, a quien lo ligaba lo que algunos han denominado una “dialéctica de la amistad”, era el psicoanalista que había firmado con él el Anti-Edipo, uno de los raros best-sellers de la filosofía de todos los tiempos, que había causado furor en el clima de efervescencia y búsqueda de novedades después de mayo del sesenta y ocho. 

28.02.2015

Con él se marcha el último de los grandes que había pensado intensamente, rebuscando con vigor en los abismos de los océanos del pensamiento occidental, a menudo sin renunciar a llegar a algún puerto con su pesca. El año pasado se suicidaba el genial intérprete de la Sociedad del espectáculo, Guy Debord. Antes se habían ido Michel Foucault, segado por el sida; a su modo, Louis Althusser, confinado en un manicomio después de haber asesinado a su mujer. Miserable destino. Se da la paradoja de que, cuando las cosas han cambiado de verdad, y resulta ya desesperada la exigencia de comprender los cambios, parece como si todo el mundo estuviese demasiado cansado para pensar.

16.04.2015

Él mismo se había definido como Guerrillero de la filosofía. En un sentido particular: no pudiendo abrir una seria batalla contra las verdaderas potencias de nuestro tiempo, las religiones, los estados, el capitalismo, la ciencia, el derecho, Ia opinión, la televisión, se limitó a perturbarlas, conduciendo contra los poderes una suerte de guerra sin batalla, una guerrilla. Hablaba de una guerrilla que no se limita a oponer a los pensadores al poder, casi como no opone a los marginados a los mantenidores del orden, a los creadores a los guardianes del statu quo. Concebía esta guerra filosófica como un continuo negociar armisticios, nuevas divisiones de uno consigo mismo, porque las potencias no se contentan con ser exteriores, sino que pasan por el interior de cada uno de nosotros. En esta nueva definición de la filosofía como guerra contra sí misma había encontrado no solo un instrumento clásico para expresar la cólera contra la época, sino también para buscar la serenidad que promete.

14.07.2015

Había entendido, antes que otros, que para cabalgar los poderes del espectáculo era necesario, por encima de todo, ser capaz de hacer y dar espectáculo. Además de venderlo. Despreciaba, como gran parte de los nouveeu philosophes, la historia, considerada como un catálogo de los obstáculos que conviene sortear para que se verifique cualquier novedad efectiva. Se hizo jefe de filas de una escuela que privilegiaba el movimiento, la novedad en cuanto tal, respecto al contexto en el cual el movimiento tiene lugar. Era necesario decir algo nuevo para crear alguna cosa nueva; esa era la máxima que mantenía. No fue casualidad que la obra escrita con Guattari, la que le hiciera famoso a comienzos de los años setenta, tuviera buena acogida por la novedad con la que osaba combatir la dictadura del psicoanálisis. Posiblemente el secreto sea este: hacer existir, no juzgar, escribía.



De sus cursos sobre Kant en Vincennes durante los años setenta, se dijo que asemejaban una novela negra. Libros difíciles como el Anti-Edipo. Capitalismo y esquizofrenia, Imagen-tiempo, Imagen-movimiento, no dejaban de venderse. Eran las incursiones de una liebre que salta muy alto y en mil diversas direcciones, decía un crítico. Y, extrañamente, él que siempre había rechazado por un resto de esnobismo aparecer en televisión, se había empeñado justo este año en llevar a cabo para el canal Arte una reflexión a partir de un Abecedario: de la A como Animal a la Z como Zorro.» 
De Kant a la guerrilla filosófica 
Por SIEGMUND GINZBERG (La Unità, 6-11-1995)
Traducción TCR



sábado, 3 de octubre de 2015

Todas las primaveras de Alejandría


Agustín Fructuoso, Eva en la terraza de Alejandría


En tiempos un famoso faro iluminaba la entrada de todos los barcos que se acercaban a la ciudad de Alejandría. Una gigantesca antorcha velaba sobre las manos de Zeus, dios del rayo, para iluminar el espacio, interior y exterior, de la mayor cosmopólis antigua, centro de civilizaciones y punto de convergencia de culturas. Una iluminación que, asimismo, no dejaba de aprovechar el destello periférico de su fuego para poner foco en el no menos descomunal proyecto de acumulación del saber que atesoraba su famosa biblioteca, la de casi un millón de manuscritos. El faro de Alejandría miraba orgulloso al confín del horizonte, hacia el único lugar donde encontraba límite su hospitalidad mundana y filosófica.

Agustín Fructuoso

Con el paso del tiempo, faro y biblioteca, ambos se diluyeron y perdieron sus verticalidades, sucumbieron al fuego, a la noche y a los impulsos de las mareas de Poseidón y Cronos. Ambos se diluyeron en el pasado, no sin dejarnos ese sutil recuerdo que en forma de repetición vuelve y nos envuelve. Es el deseo de acompañamiento para el recién venido, el bárbaro, el extranjero que es acogido con la señal protectora de Zeus, gobernador del Olimpo, para alegría de la ampliación de nuevos horizontes y perspectivas, con nostalgia, desde luego. Pero es también el recuerdo de toda una iluminación a espaldas de la ciudad, la del pasillo que nos devuelve al archivo del saber, expresado en diferentes lenguas, al abasto del profano y del sabio, sito en la mayor biblioteca mítica de toda la historia.

Agustín Fructuoso

Lejos queda todo, claro está, y por completo oscurecido, pero de la cultura griega siguen resonando las voces y los destellos, entre ellos los de aquella diosa mujer, madre, amante y hermana de dioses, Deméter, imparable ante la oscuridad, luchadora ante el tiempo y el peso crudo de los hechos humanos, incluso de los más grises. Ella sigue cubriendo y descubriendo su tocado, aunque a pesar de sus desvelos solo pudiera finalmente arañarle al oscuro Hades, al destino y al caprichoso juego de los dioses hermanos, dos decisivas cosas: la agricultura para el conocimiento de los seres humanos (el saber de la alimentación) y la permanente vuelta de la primavera, la renovación cíclica de todo lo vivo. 

Persephone y Deméter, pieza del British Museum

El periplo de Da mater, "la gran madre", a quien algunos atribuyen identidad con la diosa madre ancestral de las antiguas civilizaciones, hubo de pasar por engendrar una única hija y asumir parcialmente los dictados y caprichos de dos de sus impetuosos hermanos: Zeus, supuesto padre de la niña, y Hades, dios del mundo subterráneo y de la oscuridad, cautivado por la inocencia de la joven. Dos únicos apoyos encontró Demeter en el panteón: Helios, dios de la luz, responsable de revelar a la diosa el paradero de su hija, y Hermes, el mensajero, único capaz de hallar una grieta por la cual encontrar su escondite. 


El grito de Deméter resuena, dejando la tierra yerma y desierta: nada crecerá ni germinará en todo el orbe. La vida quedará segada de un golpe. La diosa del cultivo vocifera compitiendo en fuerza con el rugido del trueno olímpico de Zeus, que no puede evitar ofrecer la contrapartida ante la destrucción de todas las cosechas. Este será el nacimiento necesario de la primavera, con la vuelta anual de Perséfone, flor del cuidado terrenal, que permanecerá constante hasta el día de hoy, tal vez siempre breve, estacional, pero de nuevo revolucionaria y transformadora con su regreso, sin nada ni nadie que impida su firme y fiel llegada a la cita.




Es posible que las primaveras solo nos dejen con el paso de los años ligeros recuerdos, sombras de nuestros tejidos todavía vivos en invierno. Pero aunque siguiendo los pasos de Deméter no podamos evitar dejar siempre encerrados por un tiempo nuestros gestos y nuestros amores en el territorio más remoto de lo oscuro, siempre sabemos que dentro del periplo de las repeticiones, a pesar de nuestras soledades invernales, cada año la primavera nos permite, un poco como con el arte, reconstruir como podemos la vida, traer al presente todo aquello de lo que durante un tiempo carecemos. Cada repetición es una oportunidad de hacer todavía más vivo nuestro recuerdo, y de hacer brillar nuestro misterio nuevamente con la mayor fuerza.


Gracias a esos momentos en los que nos ayudamos de la primavera y esta nos ofrece sus tejidos, podemos imaginar y ver tras el tocado de Deméter relucir el faro de Alejandría a lo lejos, y ayudar a que se proyecte su luz, en nuestro horizonte, iluminando como con una lámpara trasera todo el trabajo cultural que hemos dejado hecho y el que nos queda por hacer.





Cheek to cheek es una exposición de Xaro Castillo y Agustín Fructuoso
en La Xina A.R.T. (9 de septiembre al 24 de octubre de 2015)


lunes, 24 de agosto de 2015

Fotografía y pintura. Conceptos de una relación. (Taller de pensamiento sobre fotografía: 5 de noviembre - 10 de diciembre)















Al final del curso Pensar la fotografía, los alumnos reclamaban un vocabulario de conceptos e ideas en torno al pensamiento y la teoría fotográfica.  Ahora recuperamos este hilo para plantear, además, una profundización en la historia de las relaciones entre la fotografía y la pintura. 
      El taller amplía las relaciones entre teoría e historia de la fotografía al terreno de la práctica del pintor, y propone a los asistentes una exploración del ejercicio conjunto entre ambas disciplinas. 
        En torno al pensamiento sobre la imagen fotográfica, y partiendo de un vocabulario escogido de conceptos e ideas, se tratarán las relaciones entre pintura y fotografía en diferentes bloques temáticos. El objetivo es invitar a la creatividad a través de la interpretación histórica, técnica y conceptual de esta arte omnipresente y actual.

Programa
    1. Luz / captación / vista / aura / lejanía / presente (5 de noviembre)
    2. Inconsciente / fuera de campo / forma / objetividad / ángulo / primitivismo (12 de noviembre)
    3. Documento / BN / nitidez / vida cotidiana / instante / masa (19 de noviembre)
    4. Ciudad / individuo / serie / color / signo / público (26 de noviembre)
    5. Multitud / ficción / simulacro / global / digital / mercado (3 de diciembre)
    6. Conectividad / postproducción / red / memoria / nuevos documentalismos / citación (10 de diciembre)


Lugar de realización: Barcelona - L’Hospitalet de Llobregat
Más información en gutenberg946@msn.com

martes, 14 de julio de 2015

Estat d'emergència. Tecla Sala, junio-julio 2015


Amparo R. Maján

El evento

Esta semana se clausuró la exposición Estat d’emergència, muestra de este último solsticio de 2015 realizada por artistas vinculados al TPK de l’Hospitalet. La cita de este final de temporada del taller era en el Tecla Sala, e incluía obras de muchos y distintos géneros, clasificados, híbridos y heterodoxos (como gusta de decir uno de sus organizadores).

Jesús Fernández

En este momento (ahora) sus piezas comienzan ya un nuevo itinerario, desde el que ya fuera su primer momento de emergencia hasta su transformación en el desmontaje y más allá. Algunas de ellas quedarán en tránsito de desaparición, otras a la búsqueda de nuevas torsiones, y otras de vuelta a su estado de potencia, al silencio o a la quietud de un almacén o el estudio.

Carmen Selma

El juego de palabras de Estat d’emergència encierra, por supuesto, una metáfora desprendida de otros muchos solsticios del TPK, pero que responde, desde luego, a uno de sus impulsos: la reflexión sobre la dificultad de la creación, la paradoja de sus complejos pero espontáneos procesos, su eclosión. Así, por ello, no sorprende ver unida la vital idea de emergencia a un verbo (estar) transitorio por definición, caduco, situado, potencial, atento a las hablas y a los acontecimientos, cuando menos ubicado, aquí o allá.


Lo que sí choca, o algo así, es ver esta palabra aliada con un participio. Entrar en ese juego metafórico supone, al menos en principio, un inevitable ejercicio de torsión lingüística. De entrada recibimos ya un inicial aviso del narrador, que nos recuerda los estados escolares de la materia: sólida, líquida, gaseosa, inflamada, distinguible, ciertamente permutable y progresiva, expuesta a su cambio desde la nube al vaso, desde nuestra imaginación hasta el charco helado invernal. Su estado de acabamiento de algo inacabable nos introduce en mitad del arco.

Dani Aixelà
Estat d’emergència parecía (podemos ya decirlo así) moverse entre los límites de lo que los viejos pensadores de la Antigüedad griega pudieran haber llamado «los cuatro elementos», aunque con representantes ahora empujados a crear puentes en ese intrincado campo de juego. Dicho de una manera más contemporánea, se disponía a perpetrar un acto artístico que invitaba, desde una interioridad, a una gradual salida a flote de algo, a recuperar algo de la viveza de siempre dejando atrás tanto el tiempo clásico del ser como el moderno del representar. Caer o salir de una forma, desdibujar un fondo, emerger en estrato.

José Más


Momento de estilo

Pero si tenemos que situar un tiempo de comienzo para la emergencia, este se ubicará cerca de algún recipiente, en torno a él. Si lo aproximáramos a otro marco, la emergencia sería probablemente una invitación, o a la dispersión, en sus márgenes, o al enclaustramiento en su centro, en el propio yo del espacio recogido. El recipiente, como límite, marca una frontera con la que luchar, y un interior desde el que provenir. Se ha de destacar el momento en que algo aparece en ese estado de latencia, potencia, tensión, es la creación artística. Un hilo transparente une todas las obras de Estat d’emergència.

Quim Rueda


El artista, llegados a este punto, afronta un recipiente, y este se resiste, o no, o demasiado, pero se da lugar a un fragmento de emergencia, a un momento claro de lo que podría incluso convertirse en un estilo, aunque ahora sea solo estrato. En las salas de la exposición podíamos encontrar sobre todo distintos estados de emergencia y momentos de una misma acción original, distintos resultados de la torsión entre elementos. Estratos entre los límites de una oración, entre estado y emergencia.

Tadeo Sánchez


Oscilando tanto desde una gravedad invertida, cero de tensión, emergencia en forma de levedad, efluvio y conexión fugaz e inestable, partiendo desde el suelo hacia el estado gaseoso de la imaginación y del pensamiento, como haciendo lo posible por acercar las asociaciones causales al momento de la creación, juntando las piezas a partir de sus atracciones.

Montero & Pisuerga
Marie Francòise Prost-Manillier

   

Pero no, no solo eso, también desde la caída pura de la emergencia, inintencionadamente, obligada por la fuerza misma de gravitación. Emergencia sustantiva.

Carmen Collantes


Además de forzada, perforada, desde las heridas abiertas con sus fluidos coagulados, sedimentados, en el centro de la experiencia estética, dispuestos para su análisis como pasado, permanentes como herida, cicatriz, documento.

        

Diego Tampanelli

Son “los estados” de “emergencia”, momentos congelados en el tiempo, pestañas atrapadas en plexiglás, muñecas embolsadas... Actos de emergencia puramente potencial, encerrados, a punto de explotar, poniendo en cuestión la vida, las andanzas y la muerte, la propia posibilidad de emerger en el estado de emergencia.

Arnau Bellavista
Elena Ponz
  

En esta exposición podemos ver manifestada una posición estética que rompe con la clásica división entre forma y fondo; aquí no se aprecia esa posición de un fondo que quiere manifestarse con el artista y que en algún momento es incapaz de salir, mediado por unas formas siempre imperfectas o ilusionadamente perfeccionables, y que también aparece a menudo impedido por la sequía del artista. Ni siquiera se aprecia una forma estilizada o ajena dominada por un artista olvidado de fondo.

Vicente da Palma

Aquí la forma misma es estado de emergencia, portadora de fondo, fondo mismo. La forma es emergencia misma como potencia, como acto, como acontecimiento, y no solo eso, sino como latencia, huella, sedimento, estrato de algo que queda sostenido en un impulso artístico convertido en motor estético, tiempo.

Rodolfo Green

Esta exposición se aproxima ya inexorablemente a un presente inagotable, que ha venido para quedarse y que se queda para ser jugado y para pasar.



Estat d'emergència culminó en una serie de performances que no quedaron siquiera registradas en las salas, que sucedieron fuera, que se fueron, ya archivadas, solo soportadas en los asistentes al acto celebratorio de la emergencia, al aire libre, amparadas por la noche, por los rincones apagados de las farolas, apagamiento del acontecimiento que estuvo pero se fue.






En las lentes, las cámaras, las retinas, los estratos de emergencia quedaron momentáneamente fijados. Sobre todo en esas pantallas oculares que la biología neutraliza con su química, y que el cerebro ordena impregnar de capas sucesivas de memoria, dejando constancia de que la emergencia vuelve al recipiente que la transporta, al momento de emergencia inicial, en torno al marco, en torno al presente. Y continua, desde el estado al estar, y desde el estar a sus tiempos de emergencia.



Agustín Fructuoso

Xaro del Castillo